Midjourney, la empresa más conocida por convertir indicaciones de texto en imágenes, ha anunciado su primer producto de hardware físico y una nueva división que lo acompaña, Midjourney Medical. El producto es un escáner corporal de ultrasonidos que, según la empresa, puede mapear el cuerpo en tres dimensiones en menos de un minuto, y la propuesta es tan extraña como ambiciosa, porque Midjourney planea instalar las máquinas no en hospitales sino en su propia cadena de spas. Es un salto dramático para una firma que nunca ha construido un producto físico ni operado un dispositivo médico.
El dispositivo, llamado Midjourney Scanner, usa un anillo de unos 500.000 transductores ultrasónicos, descritos cada uno como del tamaño de un grano de arena, que envían ondas de sonido a través del cuerpo desde todos los ángulos y registran lo que regresa para reconstruir un mapa 3D con una precisión de una fracción de milímetro. Midjourney dice que un solo escaneo tarda menos de 60 segundos, frente a los 60 a 90 minutos de una resonancia magnética (MRI) tradicional, lo que plantea como casi cien veces más rápido, y como se basa en ultrasonidos en lugar de rayos X no expone a ninguna radiación ionizante. La empresa también ha sugerido un precio del orden de unos pocos dólares por escaneo.
El modelo de distribución es la parte más extraña. En lugar de vender a clínicas, Midjourney pretende abrir su propio Midjourney Spa, empezando en San Francisco, donde el escáner estaría entre jacuzzis, saunas y baños de agua fría, y uno descendería a una piscina poco profunda de luz para ser examinado. La ambición declarada es enorme, ya que la empresa apunta a 50.000 escáneres en todo el mundo para 2031 y, según afirma, del orden de mil millones de escaneos al mes. Replantea un escaneo médico como un ritual de bienestar en lugar de un procedimiento clínico.
Las afirmaciones son extraordinarias y el historial es inexistente, que es la parte que conviene retener. Midjourney nunca ha lanzado hardware, nunca ha operado un dispositivo médico, y el escáner no tiene autorización regulatoria; la empresa dice que tiene la intención de buscar la aprobación diagnóstica de la FDA pero no la tiene. No hay validación independiente publicada de las afirmaciones sobre resolución o velocidad, ni revisión por pares, ni datos clínicos. Una máquina que toma imágenes de todo el cuerpo y sugiere detectar enfermedades es un producto médico regulado, y comparable a una resonancia magnética es una afirmación que hay que probar en lugar de anunciar.
El anuncio llega en una semana ya cargada de IA adentrándose en la medicina y la ciencia, desde un modelo que igualó a los médicos en el manejo de enfermedades hasta otro que ayudó a mejorar una reacción química, y comparte su forma: una demostración deslumbrante y un largo camino sin probar hasta la clínica. También encaja de forma curiosa con las encuestas de esta semana según las cuales la mayoría de la gente desconfía de la IA, ya que si el público quiere meterse en una piscina de luz para ser escaneado por una startup de generación de imágenes es una incógnita aparte. Por ahora es una visión, una representación de un futuro, que es un producto apropiado para una empresa cuyo negocio entero es crear imágenes convincentes de cosas que aun no existen.
